El joven tomó coraje y se levantó del
suelo. Sus pies estaban hinchados y su corazón no paraba de latir. Siguió
corriendo. La meta estaba cerca, podía presentirlo. A su lado corrían otros
jóvenes, algunos sin fuerzas caían de rodillas en la arena, otros tropezaban y
no volvían a levantarse. Pocos seguían adelante. Era la última vuelta. El joven
cambió de aire y miró al cielo, sus pulmones se llenaron de vida. Exhaló
aquellos malos recuerdos, dejó libre su ego, decidió no mirar atrás. Perdonó,
inhaló un aire divino, se sintió más liviano. Hizo del viento su aliado, del dolor
su fortaleza. El sol le marcó el camino, las aves acompañaron su vuelo, nada lo
detuvo. Su corazón estaba confiado como un león, su mente puesta en la meta, en
el supremo llamamiento, en el premio mayor.