La tarde cayó sobre la capital cordobesa. Las calles estaban desiertas y llenas de polvo. Un viento
nórdico zigzagueaba en el aire esquivando los rascacielos. Un aroma primaveral
se posaba sobre la estepa de cemento. Un cálido acento cordobés se escuchaba a
lo lejos. En un café, los amigos se despidieron. Intercambiaron palabras de
afecto y se abrazaron.