Peculiares gigantes se erigen potentes en la urbe, revistiendo el cielo de metales y espejos luminosos. Homenajes
tallados en piedra disfrazan las plazas vertiendo la historia en pequeños
espacios cuadrados. Altos señores amarillos dirigen las calles mezclando los
colores de la escala cromática.
Montañas de escombros y sitios sagrados se
elevan hasta rosar las nubes cargadas con dióxido de carbono. Hierro y alquitrán.
Cemento y cristal. Las sombras crecen a medida que la luz desaparece.
Cuando la
lumbrera nocturna hace su nido en el cielo, la urbe se despierta y acaricia las
sombras.