Encuentro



Llegar no ha sido fácil. Ha costado el orgullo y algunas lágrimas. Pero ha valido la pena.
El sacrificio y la entrega, dejar el corazón hecho trizas para que el Padre lo tome en sus manos y dibuje uno nuevo, justo ahí, en ese vacío que el dolor no supo entender, en ese lugar donde la angustia me privó del paraíso, en aquel sitio donde el pasado había dejado sus huellas y el mundo descargado su furia. Allí, Su amor me cubrió por completo, e inundó mi vacío. El abrazo interminable del Padre cerró mis heridas, aquellas que el temor había ocultado.
Un nuevo horizonte se desplegó como un manto delante de mis ojos, los cuales fueron abiertos para ver Su mirada llena de ternura y perdón.